Sonámbula.
Mi hija es sonámbula. A veces se
levanta en el medio de la noche y se viene caminando a mi cuarto. Se para al
pie de mi cama y se queda ahi, mirando a la nada, con la expresión neutral en
el rostro. A veces balbucea cosas sin sentido y me toca a mi o a mi esposo
levantarnos y guiarla, sin despertarla, a su cuarto donde la trepamos en su
cama y le tiramos encima la sábana y la colcha. Siempre se ve chistosa porque
si me asomo desde afuera puedo ver el bulto debajo de las sabanas que a veces
escasamente alcanza para arroparla ya que duerme con un sin fin de almohadas de
formas y colores diferentes.
En muchas de sus incursiones
nocturnas a mi cuarto, Andrea, suele regresar sola a su cuarto, pero como está dormida
pues a veces no atina a cerrar la puerta y entonces la claridad de la lámpara
encendida con la que duerme se cuela en mi cuarto y como me molesta pues
generalmente me levanto para cerrar la puerta. A veces lo hago tan
inconscientemente, casi medio dormida.
Anoche la claridad me llamo la
atención de nuevo aun cuando no recordaba que Andrea se hubiese levantado ni
venido a mi cuarto, Sin embargo la escuchaba a lo lejos, amortiguadamente,
mitad por el cuchicheo, mitad por mi semi inconsciencia. Hablaba con alguien.
- -Tu crees que a mi mama le moleste? Yo no se…
Al finalmente ser capaz de
distinguir algo de lo que decía me levante un poco molesta porque simplemente
no estaba caminando dormida. Estaba despierta conversando con alguien un
madrugada de lunes. Luego no puedo despertarla para ir a la escuela. Salí de mi
cuarto me detuve en la entrada de la puerta del estudio (por el cual se llega a
su cuarto) y la mire.
- - Andrea que haces despierta. Mañana hay escuela,
con quien hablas?
Ella me miro con la misma
expresión ausente, neutral y vacía que tiene cuando sonámbula, entra a mi
cuarto. Pero en vez de balbucear palabras sin sentido o interconexión me dijo
muy claramente:
-
- -Con la muchacha que murió.
Sus palabras me helaron la sangre
y el poco adormecimiento que aún quedaba en mi cuerpo desapareció por un
latigazo de pura impresión. Sin embargo, decidí sacudirmela de encima y siguiendo una luz tenue que iluminaba
fantasmagóricamente el camino, me dirigí decidida hacia la cocina de mi casa,
que consiste en un largo pasillo que tiene a un lado la lavandería donde duerme
mi perro y al otro un deposito que se separa por una mampara (puerta flexible
en forma de acordeón).
Caminé hacia la lavandería y vi que la puerta estaba
abierta de par en par, lo que me pareció muy extraño, y el perro estaba ahí demasiado
callado lo cual no es su costumbre cuando ve algo fuera de lugar. Me acerqué para cerrar la puerta y entonces el me miró con el rostro triste y quiso
levantarse y correr hacia mí, pero no lo dejé entrar y cerré la puerta de la
cocina de golpe. Finalmente el rastro de la luz tenue y artificial me hizo
voltear la mirada hacia el otro lado del pasillo. Podía verla colarse debajo de
la mampara.
Ya mas cautelosa caminé hacia el
final opuesto del pasillo y aún con un rastro de decisión en mi cuerpo estiré la mano y abrí de golpe la puerta. Me quedé paralizada ante lo que vi. Agachado
en el piso, mirando una linterna estaba "algo". Era del tamaño de un niño
pequeño, de unos 6 años, parecía estar desnudo. En realidad yo no le vi ropa,
tampoco reparé en el detalle porque toda mi atención se centró en la máscara
que tenía puesta. Era como una máscara de payaso. Pero, era simplemente
enferma, perturbadora. El rostro era blanco y sus ojos negros por completo.
Tenía una sonrisa distorsionada en la mas pura maldad. su mirada negra, sin
fondo se clavó en el fondo de la mía como queriendo colarse hasta el fondo de
mi alma y asfixiarme desde ahí. Y por un momento me sentí así. Totalmente
asfixiada y paralizada por la impresión y el desasosiego que me causaba ver ese rostro horrible,
desfigurado. La criatura no hizo mayor movimiento, se quedó ahí taladrándome con esa mirada infestada de miseria y podredumbre como si supiera que le bastaba eso para hacerme daño y emitió una especie de zumbido, completamente inhumano. Finalmente atiné a salir del estupor y mientras el perro aullaba, desesperado, salí corriendo de la cocina al
cuarto de mi hija. Queriendo pensar que había visto mal. Que el juego de luces
y sombras y el sueño me habían jugado una mala pasada.
Me detuve en la entrada de su
cuarto y vi el bultito debajo de las sabanas. Al parecer se había acostado de
nuevo. Riéndome de mi misma, entré para abrazarla pero no la sentí. Con un
sudor helado y un corrientazo de terror recorriéndome cada célula del cuerpo
levanté la sábana y no la vi, solo estaban sus peluches, sus almohadas. Escuché muy cerca el zumbido que emitía el ente que acababa de ver en mi cocina. Se la habría llevado él? Y me
quebré en un grito desgarrador porque mi nena no estaba ahí. Grite el nombre de
mi esposo con todas mis fuerzas y sólo cuando sentí su mano sobre mi y me di
cuenta que ni siquiera estaba articulando bien su nombre, caí en cuenta que
estaba en mi cama y que todo había sido un sueño. Una pesadilla de la peor
calaña. No fue hasta después de una sesión de llanto, las palmaditas de mi esposo
pidiéndome que me calmara, unos 25 cambios de posición y una hora despues, que
el cansancio me durmió nuevamente.
Cuando sonó el despertador,
estaba tan cansada que el shock del sueño no me atacó nuevamente. Fuí a
levantar a mi hija para ir a la escuela y ahí estaba. El bultito debajo de la
colcha, con todos sus peluches y sus muñecos, perezosa pero ahí, recordándome
que en realidad, todo había sido una bizarra pesadilla.
Lo curioso es que, cuando mi
esposo fue a ponerle comida al perro, el animal se me quedó mirando con cara de
pesar. O bien sabía que había pasado mal la noche o soñó lo mismo que yo, a su
manera. Sea como sea, lo voy a dejar dormir dentro de la casa esta noche, por si
acaso.
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